Mitos sobre la dislexia: lo que hay que saber sobre uno de los trastornos neurológicos más comunes

Foto: de fuentes abiertas

La dislexia suele reducirse a una simple cosa: «no lee bien». Pero en realidad es una historia mucho más compleja y profunda

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A pesar de que alrededor de una de cada diez personas padece dislexia, sigue siendo una de las afecciones neurodiversas más incomprendidas. Así que ha llegado el momento de desmontar los mitos, pero sin dramatismos ni dulces ilusiones, informó RTÉ.

En la cultura popular, la dislexia se ha presentado durante años como una sentencia o un «superpoder secreto». Ambos enfoques distan mucho de la realidad. Para algunos es un reto diario en la escuela, para otros es una característica que apenas estorba en la edad adulta. Pero lo más importante es que la dislexia no es igual para todos.

Por eso se han creado tantos mitos en torno a ella, que afectan no sólo a los niños sino también a los adultos, padres y profesores.

Mito nº 1: la dislexia sólo afecta a la lectura

Sí, las dificultades de lectura son una de las manifestaciones clave de la dislexia, pero reducirlo todo a las letras es un error. La dislexia suele estar relacionada con:

  • la memoria de trabajo (la capacidad de retener información en la cabeza y actuar en consecuencia);
  • velocidad de procesamiento de la información;
  • complejidad de ejecución de instrucciones multipaso.

Por ejemplo, la frase «saca tu cuaderno, abre la página 12 y haz la tercera tarea» puede ser mucho más difícil de lo que parece. No se trata de pereza o falta de atención, sino de cómo procesa la información el cerebro.

Mito nº 2: la dislexia puede «superarse»

La dislexia tiene un origen genético. Si está presente en la infancia, permanece en la edad adulta.

Pero el matiz importante es que el entorno cambia. Un niño está cada día en un sistema en el que la lectura, la escritura y los exámenes son la base de todo. De adulto, puede elegir una profesión en la que sus puntos fuertes salgan a relucir y los aspectos difíciles se minimicen o compensen.

La dislexia no desaparece, pero su impacto puede hacerse menos perceptible.

Mito nº 3: La dislexia es más común en los chicos

La dislexia se da casi por igual en niños y niñas.

La razón de este viejo mito es el comportamiento. Los chicos son más propensos a «distraerse», romper la disciplina e intentar ocultar las dificultades. Las chicas, en cambio, tienden a enmascarar silenciosamente los problemas y a ser diligentes pero estar constantemente sobrecargadas de trabajo.

Como resultado, las niñas disléxicas pasan desapercibidas durante años.

Mito nº 4: la dislexia otorga automáticamente «superpoderes».

La idea de que todas las personas disléxicas son extremadamente creativas, piensan con originalidad o tienen talento artístico suena atractiva. Pero la ciencia no lo respalda.

Sí, todo el mundo tiene puntos fuertes, pero no están garantizados por la dislexia en sí. Además, imponer la imagen de un «superdisléxico» puede ser perjudicial.

Los niños que no cumplen esta expectativa empiezan a pensar que hay «algo malo» en ellos. Y éste es un camino directo hacia la baja autoestima.

Mito nº 5: la dislexia es fácil de detectar

En realidad, no. Cada persona disléxica tiene un perfil diferente.

Una «máscara» habitual a una edad temprana es memorizar textos de memoria. El niño adivina palabras a partir de dibujos o recuerda un libro pero en realidad no lo lee. En apariencia, todo parece normal hasta que crecen las exigencias.

Por eso es tan importante observar atentamente si el niño comprende lo que lee y no se limita a reproducir frases conocidas.

Lo que realmente ayuda

  • la detección precoz;
  • diálogo sincero entre padres y profesores;
  • enfoque individualizado;
  • rechazo de las etiquetas, tanto negativas como «dulces».

La dislexia no es ni un juicio ni un don, es una neurodiscapacidad con la que se puede vivir plenamente si se comprende.

El mayor problema de la dislexia no está en la lectura ni en las letras. Está en los mitos que nos impiden ver a la persona a través del diagnóstico. Cuando dejamos de esperar «normalidad» o «superpoderes» y empezamos a ver la individualidad, hay espacio para el desarrollo, el apoyo y la confianza real. Porque el conocimiento es siempre el primer paso hacia la aceptación.

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