Tres cosas que no se deben hacer durante una visita y por qué: no hay que ignorar estos presagios populares.

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Cómo comportarse en casa ajena: normas de etiqueta y costumbres populares

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Ir de visita no es sólo una tradición de cortesía, sino un ritual especial que desde hace mucho tiempo tiene un significado sagrado. Nuestros antepasados creían que cada casa tiene su propio espíritu guardián, y el comportamiento de los invitados puede tanto traer el bien como perturbar el equilibrio energético de la casa. Por eso existían presagios que regulaban los comportamientos prohibidos y permitidos de los invitados. Mucha gente sigue estas normas incluso hoy en día, y con razón, porque a menudo tienen una base lógica.

No puedes sentarte en la puerta de otro

En la antigüedad, el umbral se consideraba el límite entre dos mundos: el interior, donde vive la familia, y el exterior, impredecible e inestable. Sentarse en el umbral significaba violar el límite del hogar, dejando la propia energía en un lugar donde podía crear desarmonía. Además, nuestros antepasados creían que el umbral era un lugar donde se instalaban las peleas y los pensamientos pesados.

Desde el punto de vista de la etiqueta moderna, también tiene sentido: un invitado sentado en el umbral interfiere en el movimiento de los anfitriones y crea una sensación de incomodidad.

No se pueden alabar las cosas de los propietarios con demasiada emoción

Parecería que ¿qué hay de malo en un cumplido sincero? Pero según las creencias, el entusiasmo excesivo por un objeto en casa ajena puede «pegarse», es decir, llevarse parte de la energía de la casa o incluso provocar el deterioro de las cosas. Por eso se solía decir: «Si elogias algo, golpea tres veces la madera» para neutralizar la posible negatividad.

En un sentido psicológico, esta abstinencia también es apropiada: los gritos demasiado emotivos pueden poner a los dueños en una situación incómoda.

No deje el cuchillo o las tijeras abiertos o con la hoja hacia arriba

Si un invitado coge objetos afilados en las manos, según los augurios debe ponerlos sólo cerrados y con la hoja hacia sí. De lo contrario, se creía que las peleas, los malentendidos y las palabras duras se mantendrían en la casa durante mucho tiempo.

Desde el punto de vista de la seguridad, esta explicación es absolutamente práctica: los cuchillos y tijeras abiertos suponen un riesgo de lesiones para sus dueños, especialmente para los niños. Por eso, la tradición de cubrir y guardar los objetos afilados ha pasado a formar parte del comportamiento cultural.

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