Cuando un teléfono es más importante que una conversación: cómo los hábitos de los padres influyen en el comportamiento digital de las niñas

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El smartphone es desde hace tiempo el «tercer extra» de la familia: se interpone entre nosotros y los niños, entre las conversaciones, entre las miradas

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Nos preocupa que los niños pasen demasiado tiempo con sus teléfonos. Pero una nueva investigación revela una verdad incómoda: a menudo la causa no son los niños, sino nosotros. Y las chicas son las primeras en darse cuenta.

Hace tiempo que el smartphone es el «tercer extra» de la familia: se interpone entre nosotros y los niños, entre conversaciones y miradas. Podemos hablar de límites de tiempo de pantalla, prohibir TikTok o recordarles que guarden el teléfono, pero los niños no aprenden de las instrucciones, sino de la observación.

De eso trata exactamente un nuevo estudio de las Girl Scouts of the USA, destacado por SheKnows. Y sus conclusiones hacen dudar incluso a los padres más concienzudos.

Estadísticas alarmantes

Las cifras parecen sencillas, pero tras ellas se esconde la realidad emocional de los niños:

  • El 52% de las niñas de 5 a 13 años dicen que les resulta difícil llamar la atención de sus padres porque están con sus teléfonos;
  • Entre las niñas de 8 a 10 años, esta cifra es aún mayor: el 64%.

Esto significa que para muchos niños el teléfono no es sólo un aparato, sino un competidor por la atención.

Es más importante de lo que parece

El estudio descubrió una conexión más profunda: las chicas que no pueden «contactar» fácilmente con sus padres a través del teléfono tienen muchas más probabilidades de sentir la presión interna de estar en línea.

  1. El 57% de estas chicas dicen que sienten la necesidad de estar en línea incluso cuando no quieren;
  2. entre las que no tienen este problema de atención paterna, sólo el 34%.

En pocas palabras, los niños leen el mensaje de que si los adultos están constantemente pendientes de sus teléfonos, así debe ser.

Efecto espejo

Si los padres están constantemente frente a las pantallas y no pasan suficiente tiempo de calidad con sus hijos, esto puede repercutir negativamente en su desarrollo. Los niños, sobre todo los más pequeños, reflejan el comportamiento de los adultos. Cuando mamá o papá cogen automáticamente el teléfono en lugar de mantener el contacto visual, el niño saca su propia conclusión de que la vida digital es más importante que la vida real.

Paternidad imperfecta

Punto importante: nadie nos pide que renunciemos por completo a los gadgets. Vivimos en un mundo en el que las pantallas forman parte del trabajo, la comunicación y el ocio. Pero lo decisivo son los micromomentos:

  • levantar la vista cuando un niño entra en una habitación;
  • guarda el teléfono en los primeros minutos después del colegio;
  • explica: «Ahora voy a coger un mensaje y hablamos».

Pequeñas cosas como esta crean la sensación: «Soy más importante que la pantalla».

Ejemplo saludable

Los expertos aconsejan no prohibir, sino reconfigurar:

  1. limitar el desplazamiento de la cinta en casa;
  2. estar presente, aunque sólo sea en los momentos clave del día;
  3. si es en pantalla, entonces juntos, por ejemplo, una película compartida en lugar de un YouTube aislado.

Este es un ejemplo clásico de «ser un buen ejemplo»: mostrar, no enseñar.

Las niñas observan, memorizan y copian. Y cuando elegimos siempre el teléfono en lugar de hablar, formamos una norma que más tarde podemos intentar romper nosotros mismos. A veces basta con colgar la pantalla del teléfono para decir sin palabras: «Tú eres más importante que cualquier mensaje».

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